Sobre Osvaldo Salas Veas

Luis Osvaldo Salas Veas  nació en Santiago de Chile el 16 de junio de 1915 y falleció en 1999 en San José, Costa Rica. Sus padres fueron Jorge Salas Morán y María Veas Pérez de Salas. Provenía de una familia de extracción humilde ya que su padre era garzón en el Club la Unión y su madre feriante. Tuvo tres hermanos, Jorge, Sergio y Hernán, y dos matrimonios; primero con Nelly Ampuero y luego con Alicia Alarcón, con quienes tuvo tres hijos: Néstor, Jorge y Jano.

Desde niño mostró aptitudes para el dibujo, ilustrando sus cuadernos escolares desde temprana edad, lo que lo llevó, después de su educación primaria y secundaria, a ingresar a la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, institución que en 1928 fue reconocida como una entidad independiente de la Escuela de Bellas Artes, destinada a reemplazar el grupo de cursos que comprendía la Sección de Artes Decorativas. En este establecimiento académico, que tuvo su declive en tiempos de la Reforma Universitaria, Salas cursó la especialidad de Artes Gráficas con mención en Grabado. Los estudiantes que ingresaban a la Escuela de Artes Aplicadas provenían principalmente de los sectores medios y de extracción modesta, caso de Salas, quienes por sus necesidades económicas se insertaban en los sectores medios de producción, como la artesanía, la ilustración, los talleres de fotomecánica y serigrafía, participando en pequeñas y medianas imprentas, además de casas editoriales de menor o mayor envergadura.

Una vez terminados los estudios de Salas en la Escuela de Artes Aplicadas, donde posteriormente dictó la asignatura de Periodismo gráfico, ejerció como profesor en el Taller de grabado del Liceo Manuel de Salas y luego como docente en la Universidad Técnica del Estado, a cargo del curso de Dibujo publicitario.

Sus primeros pasos como Artífice egresado los dio en la desaparecida revista Hoy, en 1934, ilustrando la sección literaria “El cuento de la semana” con algunos motivos realizados en xilografía. Asimismo, trabajó como dibujante gráfico en el periódico chileno El Siglo, con su personaje “Don Inocencio o el hombre que creyó en promesas electorales”, bajo el seudónimo de Jano, creado a instancias de una sugerencia de Luis Corvalán, político militante del Partido Comunista. Se trataba de una historieta de corte social publicada en portada, medias planas o planas enteras, algunos sábados y domingos.

Aunque no fue parte de su obra gráfica propiamente tal, esta creación resaltó la obra de Salas como historietista al concebir un personaje representativo de la clase media o del ciudadano de a pie, en tiempos del segundo gobierno -democrático- de Carlos Ibáñez del Campo. Inicialmente, Don Inocencio fue adherente a la conducción política ibañista, pero con el tiempo se fue distanciando hasta hacerse allendista, espacio donde podía ser parte de una “revolución” desde una condición más proletaria. Para Osvaldo Salas, en su vertiente de caricaturista, este medio de comunicación visual debía ser un agente activo de opinión para evidenciar las desigualdades sociales y a la vez promover la visión crítica de los lectores.

Siendo joven colaboró en algunas publicaciones editadas por las Juventudes Comunistas donde se encargaba del diseño gráfico, desde las ilustraciones hasta la producción e impresión de las mismas, en ciertos casos, de circulación clandestina por motivos de orden político. Así, como militante del Partido Comunista participó activamente en el diseño y diagramación de algunas revistas emblemáticas como Principios y Aurora. También en revista Mayoría, del sello editorial estatal Quimantú. En 1971 colabora con la viñeta “Cositas”, bajo el seudónimo de “Doninos”, combinando su ejercicio como ilustrador e historietista.

A propósito de su militancia política, participó, junto a Pablo Neruda, en la “Sección chilena” de la Alianza de Intelectuales por la Defensa de la Cultura que se fundó en noviembre de 1937. El manifiesto inicial fue firmado por cerca de 150 artistas e intelectuales chilenos y extranjeros residentes en el país de diversas disciplinas artísticas y académicas, entre ellos, Andrés Sabella, Gabriela Mistral, Óscar Castro, Alberto Romero, Juvencio Valle y Francisco Coloane.

En relación a sus aportes al ámbito del diseño, se relacionó tanto con la literatura como la prensa y la política, incluyendo su participación en publicaciones de iniciativas tales como Editora Austral, Prensa Latinoamericana y Ediciones del Litoral. Sin embargo, su labor más prolífica, con mayores posibilidades de experimentación de acuerdo a las exigencias técnicas de la época, la desarrolló en Editorial Nascimento, entre los años 1949 a 1973, al diseñar cerca de un centenar de portadas, preferentemente en las áreas de la poesía y la narrativa.

Por otro lado, colaboró en el diseño de algunos manuales y textos de educación escolares; aquí podemos destacar tres libros infantiles con diseño de portadas e ilustraciones en su interior: La Porota, de Hernán del Solar; El Caracol, de Mariano Latorre y Las mascotas de la Tahiti-Nui, de Jaime Bustos. También participa de otras publicaciones de amigos escritores y políticos como Rebelión en la armada, de Gustavo Mujica; Todo tiempo futuro, de Guillermo Sáez Pardo; Todos seremos rosados, de Franklin Quevedo y Canciones para que el mar juegue con nosotros, de Andrés Sabella. Lamentablemente, no siempre firmaba sus trabajos, lo que dificulta rastrear su autoría en ilustraciones o portadas de libros.

Salas fue parte de los estudiantes de la primera y segunda generación que egresaron de la Escuela de Artes Aplicadas. Esta cohorte, y las próximas hasta la década de 1960 (declive y cierre de la Escuela de Artes Aplicadas), no mantuvieron una conexión sólida que los llevara a promover gremios, agrupaciones artísticas o a generar manifiestos. Si bien coincidieron en encargos similares -carteles, vitrinismo, señaléticas, diseño de portadas o interiores de libros, ilustraciones, identidades visuales, etc.- sus trayectorias fueron más personales que asociadas.

La Escuela de Artes Aplicadas bregaba por vínculos con la industria y los servicios públicos pero los egresados se encontraban en una situación de atomización, con redes febles dada la perspectiva formativa artística de la institución. En este derrotero, en el cual no existían prácticas profesionales de servicio o profesionalizantes delineadas, eran los propios egresados, merced a sus redes sociales, quienes lograban formar su propia agencia, insertarse en una imprenta, una editorial, una oficina de publicidad, un reemplazo por licencia, o acogerse bajo la égida de un conocido.

Sin embargo, a pesar de esta dispersión -encarnada en la malograda Primera Exposición del carteles de 1944- sin diáspora, si es observable un fenómeno que vincula a estas generaciones de artífices con pretensiones de artistas; la búsqueda de un lenguaje visual de raigambre latinomericanista, directo y popular  que es posible advertir en sus formas de expresión y usos de diversas técnicas de dibujo e impresión manual (grabado, salpicado para emular aerógrafo, témpera, xilografía, etc.). Al revisar el trabajo como portadista e ilustrador de Osvado Salas se avistan conexiones con coetáneos como Luis Troncoso, Marcial Lema, Georges Sauré, Julio Bórquez, Fernando Ibarra, Luis Oviedo, Santiago Nattino o Kitty Golman, entre otros., en tiempos donde la presencia de la mujer en las artes gráficas estaba prácticamente proscrita.

Como definir su trabajo en la esfera editorial, hasta 1973, no es asunto fácil pero hay ciertas coordenadas que nos pueden acercar a dicha producción en algunas casas editoriales, especialmente Nascimento. Los diseños de Salas remiten principalmente a portadas e interiores de libros. Dependiendo de las fechas de su producción editorial nos encontramos con diseños de época -caso de Recabarren o el líder de sudor y oro (1946) o Cuentos de de viento y agua, donde el trazo manual del título es tan importante, o va de la mano, con el dibujo y la impresión a color a dos tintas, algo recurrente en dicha época en términos de tirajes y precios. En aquel entonces, décadas de 1930 hasta fines de 1950, la impresión offset todavía no se asentaba en el país y, al mismo tiempo, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, y la intención de instalar un modelo económico por Sustitución de Importaciones (ISI), no generaban los suficientes espacios para un avance económico y social sostenido para el asentamiento definitivo de esta producción editorial.

En relación a lo anteriormente expuesto, se podría argumentar que la Escuela de Artes Aplicadas privilegió la enseñanza de un saber de orden técnico que buscó generar modelos artísticos para la industria seriada; mientras la irrupción del Diseño como disciplina proyectual, amparada bajo la figura de la Universidad, abrió más adelante la posibilidad de formar profesionales capaces de sintetizar industria y cultura, y de ubicarse entre el universo productivo y el simbólico.

Osvaldo Salas fue parte de la versión número 55 del Salón Oficial de la Facultad de Bellas Artes, realizada en el Museo de Bellas Artes en 1943 y de la Primera Exposición del Cartel de 1944, como se menciónó, organizada por la Unión de Cartelistas de Chile en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Chile. Cabe mencionar que una de las principales dificultades para los artistas gráficos de la época fue el no estar agrupados en algún tipo de gremio, a diferencia de los trabajadores de la industria gráfica que contaron con la protección y el respaldo de la Federación de Obreros de la Imprenta de Chile, al tiempo que los dueños de talleres formaron la Asociación de Impresores de Chile. Salas participó también en el LXVIII Salón Oficial organizado por el Instituto de Extensión de Artes Plásticas de la Universidad de Chile, realizado en el Museo de Arte Contemporáneo en 1957, en la Sección Pintura con dos obras, bajo el título de “Figura”, ejecutadas con la técnica de la témpera.

Realizó exposiciones individuales y colectivas en Chile, Perú, Costa Rica y China, en las distintas disciplinas y géneros artísticos que practicó. En 1967, recibió el Premio Nacional de Periodismo en la categoría Dibujo humorístico, el máximo galardón en Chile y, en 1969, la Medalla de Honor en el Concurso Internacional de dibujo periodístico en Moscú.

Con motivo del golpe de Estado de 1973 y su adherencia al Partido Comunista se vio forzado a emigrar a Costa Rica al año siguiente, donde desarrolló una prolífica labor de aproximadamente dos décadas como caricaturista político, portadista, diagramador, haciendo además separaciones de color para publicaciones impresas, en ocasiones desde su propio taller, ubicado en su domicilio.

Exiliado tras la instalación de una dictadura cívico-militar, que se prolongó por 17 años, finalmente se radicó en Costa Rica, aconsejado por Joaquín Gutiérrez, quien fuera director de la extinta editorial nacional Quimantú, donde vivió hasta su muerte. Solo volvió a visitar Chile en 1998 con motivo de una exposición y ad portas del proceso denominado Transición a la Democracia, que significó el cierre de la dictadura de Augusto Pinochet y el restablecimiento democrático en el país. En dicho país ingresó a la planta del diario Excelsior, en el que se desempeñó desde el primer al último número -1975 a 1978-, y en La Prensa Libre, aportando con una caricatura diaria. También colaboró en Primera Plana, órgano del Colegio de Periodistas de Costa Rica entre 1986 y 1990, firmando con el seudónimo de Jano, además de otras publicaciones.

Fotografías gentileza de Jano Salas.